lunes, 14 de noviembre de 2016

Mi héroe es el Quijote

Con su porte desaliñado veía a mi héroe Don Quijote de la Mancha, cabalgando en ese caluroso verano por un extenso campo con su caballo Rocinante, divisando a lo lejos unos molinos de viento, acompañado por su fiel escudero Sancho Panza que montaba en un asno. 
― La ventura va guiando nuestro camino, porque allí adelante, amigo Sancho, hay unos desaforados gigantes a los que pienso dar batalla ―, le dijo el Quijote, preparándose para arremeter a todo galope contra ellos.
― ¿Qué gigantes? ―,  le preguntó Sancho Panza mirando muy intrigado hacia los molinos de viento.
― Aquellos de los brazos largos que allí veis ―, le respondió su amo.
― Mire vuestra merced que aquellos no son gigantes, sino molinos de viento y lo que en ellos parecen brazos son aspas ―, le contestó Sancho.
Entonces, el caballero de la triste figura miró nuevamente y con más detenimiento hacia lo que él creía que eran gigantes y recapacitó.
― Tienes razón Sancho, me había olvidado que estamos en el siglo veintiuno y que para este mundo globalizado donde la contaminación ambiental es un problema, esos molinos de viento son en realidad gigantes buenos, porque  generan electricidad aprovechando gratuitamente la energía del viento y la distribuyen a ese pequeño pueblo que se ve a la distancia.
Y diciendo esto, dio de espuelas a su caballo Rocinante y acercándose a los molinos, el caballero español los saludó con una reverencia. Entonces se levantó un poco de viento y las aspas comenzaron a moverse con más velocidad, como queriendo retribuir cariñosamente el saludo de Don Quijote.
― Hacéis bien, pues cuando más giren vuestras aspas, más energía eléctrica el pueblo tendrá ―, les dijo el hidalgo con una amplia sonrisa en sus labios.
Al sentir el aire fresco de los molinos sobre su cuerpo, reconfortó el espíritu del caballero en ese sofocante verano, pero ocurre que ése aire se fue enfriando cada vez más y más, hasta que finalmente me desperté completamente destapado, tiritando de frío en la cama.
Entonces, me levanté como un resorte y mientras se me caía al piso el libro de mi héroe, que había estado leyendo en esa noche, me dirigí prestamente a cerrar la ventana, porque el aire fresco de esa tormenta de verano que se estaba avecinando en la madrugada, me había dejado maltrecho.

















Seleccionado Concurso  de relatos.
Incluído en el libro Mi héroe.
Asociación Letras con Arte. España. Noviembre 2016.

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