jueves, 15 de septiembre de 2016

La figura fantástica

En su habitación frente a la computadora se encontraba en ese atardecer en un mundo extraño, donde todo aquello que había pasado recientemente siempre estaba danzando en su cerebro. Su memoria trataba de apartarse de esos recuerdos,  pero en esa soledad que invadía su vida atormentada se pasaba el día tratando de acallar las voces de su conciencia. Su mente no podía concebir la magnitud de cuanto la quiso, pero ese amor fue tan devastador, que esa pasión no significaba en esos momentos más que un sufrimiento en su vida. 
Siempre recordaba aquellas hermosas frases de amor que ella le había obsequiado, los besos que le había dado, cada una de las caricias que su cuerpo había recibido. Se conocieron durante el primer año de carrera en la Facultad en la que ambos estaban en el mismo curso. Ella fue el primer y único amor de su vida que duró sólo unos años hasta que sucedió aquello, y los recuerdos de esa historia estaban ahora esparcidos en su espíritu como una espina que le carcomía el alma. 
Inmerso en esos pensamientos, al caer las primeras sombras del anochecer intentó escribir algunos párrafos en su computadora. Fue allí, cuando repentinamente un virus maligno invadió su disco rígido, apareciendo en la pantalla las figuras fantásticas de dos enormes serpientes que él sabía muy bien a quienes representaban. Esas imágenes aparecían y desaparecían permanentemente de su vista en la incipiente oscuridad como si fueran flashes fantasmagóricos, con el evidente objetivo de hipnotizarlo y someter a su conciencia.
De pronto sintió su cuerpo paralizado, mientras su mente se debatía luchando frente a esas imágenes con toda la fuerza que le permitía su raciocinio. Fácil hubiera sido para él, apagar, desconectar o destruir la computadora, pero eso era imposible porque esas figuras lo habían inmovilizado y poseído su espíritu. Poco a poco, lo fueron atenazando y apoderándose de su razón y no podía evadirse, por más esfuerzo que hacía. Finalmente su mente no pudo resistir más y quedó sometido a un completo estado de postración en esa oscura y solitaria habitación. 
Se sentía impotente, como si sus fuerzas lo hubiesen abandonado, como si su alma hubiese partido dejando sólo un cuerpo moribundo. Ya nada distinguía ahora en la habitación, porque la noche la había invadido y con las luces apagadas todo estaba oscuro. Sólo veía el monitor con las imágenes de aquellas inmensas víboras, con esas horrendas caras y sus cuatro ojos brillantes y amenazadores. Esa visión le producía muchísimo terror rodeado de la soledad extraña de esa habitación fría y vacía. 
Repentinamente percibió que una suave brisa movía las cortinas sobre el sofá y pensó que seguramente eran ellos. Si, evidentemente eran esos espíritus vengativos los que habían impregnado su computadora con ese virus maligno que había creado esas figuras horrorosas. Porque él los matado con su pistola y los había enterrado bajo ese mismo sofá, juntos y entrelazados, tal cual los había descubierto. Ese reciente pasado en esos momentos le resultaba algo lejano e irreal mientras recordaba la aspereza de sus celos enfermizos y las permanentes sospechas de una posible infidelidad que lo habían obsesionado por completo y aquella repentina revelación había sido el desencadenante de la tragedia. 
La oscuridad ya no le atormentaba, mientras su mente era guiada por esas figuras fantásticas que lo inducían a aferrar firmemente en su mano aquella pistola que estaba en el cajón. Mientras lo incitaban más y más, el brillo metálico de la pistola reflejado en la pantalla le mostraba como lentamente la levantaba hasta su cien, hasta que finalmente  efectuó el disparo. Un suspiro y una leve exclamación fueron suficientes, las imágenes fantasmagóricas empezaron a desvanecerse para siempre y ya nada apareció en la pantalla. En esa fría habitación, sólo había quedado brillando el monitor encendido entre las penumbras de la noche, acompañado en respetuoso silencio por la soledad y la muerte.













Seleccionado IV Concurso de relatos de Terror.
Incluido en el libro “En la oscuridad”.
Carpa de sueños. España. Septiembre 2016.

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