lunes, 15 de agosto de 2016

Ilusiones informáticas

Era un robot que había sido diseñado con una inteligencia artificial muy avanzada, pero sin la capacidad de comprender los sentimientos humanos. Tenía la imagen de un hombre esbelto y fornido, con una piel plástica muy flexible, que cubría su estructura de metal, con todas sus articulaciones y circuitos electrónicos.
Pero su programador era muy ambicioso y buscó sacar rentabilidad a su creación, y aunque el robot no estaba destinado para ello, lo contrató para trabajar en un emprendimiento minero. Allí lo necesitaban para extraer el mineral en unas galerías muy intrincadas, donde la existencia de oxígeno era prácticamente nula.
Un día, mientras trabajaba en las profundidades de la mina sucedió un siniestro. Se produjo un derrumbe que cubrió con rocas y tierra todas las entradas de las galerías, y quedó atrapado junto con otros seis mineros. Como el rescate se hizo muy dificultoso, después de varios días de infructuosas tentativas, en una lenta y tortuosa agonía, los trabajadores empezaron a morir al consumirse sus fuentes de oxígeno puro.
El robot aunque no fue afectado, cesó su tarea, pensando que no valía la pena continuar con ella.  Aunque no tenía emociones, podía pensar, y quedó grabada en su mente la agonía del último minero, que murió llorando porque no había cumplido con su meta, asiendo la foto de su familia en la casa que estaba construyendo.
Finalmente el robot quedo completamente sólo con los cadáveres. Y por primera vez en su existencia, se puso a pensar sobre cuales serían  los sentimientos humanos que le faltaban agregar a su memoria. Así fue comprendiendo poco a poco, que éstos tenían objetivos e ilusiones en la vida. ―"¿Cuál es la meta de mí existencia? ¿Que ilusiones tengo?” ―, se preguntaba.
Pasaron más de tres meses, y finalmente cuando se efectuó el rescate de los cadáveres, sacaron al robot que ya sin batería estaba inactivo. Una vez cargada nuevamente su fuente de energía, su desaprensivo programador le pidió sin ninguna contemplación que vuelva inmediatamente a su trabajo en la mina. Pero ante su completa sorpresa, el robot se quedó parado dubitativo frente a él, sin cumplir rápida y obedientemente la orden impartida.
En ese interín, el robot pensaba: ―” ¿Podré algún día lograr discernir si son injustas o no las órdenes que se me imparten?” ―. Y sin darse cuenta, el robot ya tenía un objetivo a lograr … una pequeña ilusión en la vida.





 








Finalista Concurso de Relatos.
Incluido en el libro Ilusiones.
Asociación Letras con Arte. España Marzo 2016.

1 comentario:

  1. Una interesante reflexión que si algún día se hace realidad, sería el mayor avance que podríamos tener y el despertar hacia el verdadero conocimiento cibernético... un saludo

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