viernes, 15 de julio de 2016

Sueño de juventud

Lanzó una mirada rápida al reloj de la mesita de luz. Eran la cinco de la mañana y sintió una ráfaga de angustia al comprender que ya estaba amaneciendo y que todavía no había podido conciliar el sueño, desvelado por sus pensamientos. Estaba por cumplir dieciocho años y trabajaba como dependiente en el almacén de su padre en el pequeño pueblo donde vivía.
Ya desde muy pequeño tocaba muy bien la guitarra de oído y si bien había participado en alguna fiesta escolar o celebración familiar, ambicionaba con fervor dedicarse a tocar profesionalmente. Pero para ello debía convencer a su descreído padre que necesitaba capacitarse, estudiando en la Ciudad con un profesor que le habían recomendado.
Miró hacia el techo de chapa de su dormitorio pensando que si por lo menos lloviera, el ruido de las gotas le daría una excusa para poder dormir.  Entonces dejo de pensar en todas esas cosas y entre sueños decidió levantarse convencido de que lo mejor que podía hacer era dirigirse a la Ciudad buscando ese objetivo que había definido para su vida. No tardó mucho en ponerse la ropa y tomar la guitarra que siempre era su fiel compañera.
Con ella a cuestas, salió de la casa y buscó que sus pies lo condujeran hacia la Ciudad para ver a ese profesor. Decididamente había tomado la decisión de perfeccionar su arte artístico, y  ser concertista de guitarra sería el destino de su vida, con sus metas, objetivos y ambiciones. Al caminar por las calles hacía bastante frío y en esa mañana no se veía un alma en varias cuadras a la redonda. Los negocios estaban todos cerrados cuando ya terminaban de disolverse las últimas sombras de la noche ante el comienzo del amanecer.
Sintió un escalofrío y decidió caminar más rápidamente para que poco a poco su cuerpo entrara en calor. Luego de atravesar su pequeño pueblo optó por tomar un sendero extraño e intrincado que apareció repentinamente ante sus ojos, porque tenía la completa seguridad que acortaría notablemente el camino. Era una decisión arriesgada y sonrió al tomar ese desafío, porque pensó que seguir por el largo camino normal sería tan fácil como la de su actual trabajo rutinario de dependiente de almacén.
En ese horizonte que le marcaba esa senda sinuosa por la que transitaba, se alegró cuando de pronto se recortó ante su mirada la silueta de la gran Ciudad que lo atraía como un imán y le señalaba que había tomado el camino correcto. Agudizó la mirada para distinguirla bien, pero lamentablemente estaba en un entorno rocoso rodeado de árboles.  Al seguir su marcha el sendero se le hizo pedregoso y cuesta arriba, lo que lo fatigó un poco. Pero a él nada le importaba, obsesionado por llegar a su meta.
Sin embargo, cuando más adelante iba transitando por una zona arbolada, escuchó a lo lejos el murmullo característico del movimiento de agua y al acercarse observó que era un turbulento cauce que le impedía el paso. Su alma comenzó a tener temor y dudar de seguir adelante por allí o volver para retomar el camino normal. Sin embargo, ya no tenía excusas y decidió  mantener en su interior esa firme voluntad de llegar a destino cuanto antes por el sendero que había elegido.
Entonces, decidió atravesarlo saltando y haciendo equilibrio con su guitarra, apoyándose sobre unas pequeñas rocas fijadas en el fondo, y así, consiguió trastabillando pasar entre el torbellino de agua. Había salvado ese obstáculo y luego de reponerse siguió caminando. Unos metros más adelante apareció otro cauce de agua en el bosque y también lo sorteó, para seguir avanzando por el sendero que ahora le parecía más despejado.
Pero sus dificultades no iban a terminar allí, porque el sendero terminaba en una gigantesca muralla rocosa que lo detuvo nuevamente. Buscó por todos los medios la manera de esquivarla, pero no había caso, dado que era tan ancha que se perdía en el horizonte y tan alta y empinada que era imposible escalarla. Pero aún no se había dado por vencido y buscó la manera de atravesarla, porque su destino ya estaba cercano y por ningún motivo debía dejar que esa muralla impidiera su paso.
Finalmente, luego de una paciente búsqueda encontró un túnel oscuro y profundo que estaba oculto tras unas plantaciones. Si bien era un largo pasadizo lúgubre y húmedo, como estaba apenas iluminado por un reflejo que provenía del final del mismo, tuvo esperanzas que pudiera atravesar la muralla. Se dijo que si había llegado hasta ahí, debía continuar y se introdujo como pudo, caminando lentamente por él. Pero a medida que se aproximaba al otro extremo el túnel se fue haciendo más bajo y estrecho, hasta que finalmente le resultó imposible desplazarse caminando.
La incertidumbre y la claustrofobia habían comenzado a invadirlo poco a poco, pero decidió seguir avanzando apoyado sobre sus rodillas y manos con la guitarra amarrada a su espalda, en medio de una oscuridad que sólo alteraba esa pequeña claridad al final del trayecto. A medida que se desplazaba, sus manos se sumergían en una especie de barro gelatinoso, pegajoso y desagradable, mientras sus rodillas resbalaban haciéndole difícil avanzar. El aire se volvía irrespirable y su hediondez lo estaba matando. Quería poder avanzar, pero ello lo estaba obligando a realizar un gran sacrificio en medio de esa realidad adversa y se sentía bastante abatido.
Miró hacia el extremo final del túnel y se reanimó al ver que la pequeña luz estaba mucho más cerca. Siguió deslizándose laboriosamente y si bien la claridad se aproximaba hacia él, cada movimiento le originaba un gran esfuerzo y tenía un enorme cansancio. Pero no se quejaba y una firme voluntad lo animaba. Hasta que cuando llegó al final del túnel, divisó sorprendido la silueta de una pequeña puerta, que le pareció como que formaba una brillante figura geométrica de una guitarra hábilmente dibujada por la luz proveniente del otro lado y que se filtraba a través de los finos intersticios del marco.
Se incorporó como pudo y con su mano vacilante tomó el picaporte y tiró de él. Una luz intensa lo encandiló y después de unos segundos cuando volvió a abrir los ojos, quedó atónito, parpadeando con dificultad para ver lo que tenía ante sí. La luz del sol sobre su rostro lo envolvía y fue en ese preciso momento cuando se despertó sobresaltado, sacudiendo sofocado la cabeza y se sentó en la cama como impulsado por un resorte. Miró hacia la ventana, donde los rayos del sol de media mañana se filtraban por las hendijas de la persiana hacia donde él se encontraba reposando.
La conciencia de la realidad lo fue devolviendo poco a poco al tiempo presente, sobre esa cama de sábanas solitarias y revueltas. Un tenue resplandor incidía en las agujas del reloj que indicaban que eran las diez de la mañana. Con la  boca reseca, se incorporó lentamente y se dirigió hacia la cocina. Abrió la puerta de la heladera y vertió de una botella una abundante cantidad de agua fresca en un vaso, que bebió de un trago.
Luego se dirigió al baño y se mantuvo debajo del chorro de la ducha un largo tiempo, permitiendo que el agua le recorriera el cuerpo como si fuera un suave masaje. Se secó despacio y luego se dirigió a la cocina para prepararse el desayuno pensando en el significado del sueño que había tenido. Evidentemente al abrir esa puerta y despertarse, había atravesado la muralla y allí estaba la luz  que finalmente lo conduciría  a su destino final. Se encontraba ahora lleno de potencialidades y estaba decidido a convencer de una vez por todas a su padre para tomar clases de guitarra en la Ciudad.
Ese sueño de su juventud fue una premonición y una enseñanza de que no era una tarea rutinaria lograr concretar sus ambiciones y deseos de triunfar en la vida, sino que eran necesarios realizar sacrificios. De esa manera, luego que su padre finalmente lo autorizara, tanto su aprendizaje como su posterior carrera artística, fueron encontrando igual que en aquel sueño muchas dificultades y obstáculos en su camino, pero siempre trató de sortearlos mientras iba evolucionando en su técnica. Hoy es un consagrado concertista de guitarra que el éxito y la fama lo acompañan por todo el mundo.



Finalista Certamen de cuentos.
Asociación Cultural Mirador de la Alcarria.
España. Julio 2016.

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