sábado, 16 de julio de 2016

Recuerdo del telegrafista

El telégrafo fue implementado por Samuel Morse en 1844 en los Estados Unidos y consistía en un aparato destinado a transmitir señales a distancia mediante un cable conductor, operando un pulsador sobre un dispositivo electromagnético. Una pulsación rápida, marcaba un punto y otra con una duración mayor una raya, y esa combinación de puntos y rayas se enviaban al lugar de recepción. Allí eran convertidos en letraso números, mediante un código internacional, llamado alfabeto Morse, que se transcribían a un papel denominado telegrama, el que luego se repartía mediante el servicio del Correo. 
El telegrafista era el encargado de enviar y recibir esos mensajes públicos o privados en las oficinas de telégrafos, y en su mesa de trabajo tenían la máquina de transmisión y recepción. Los telegramas llenaron la vida cotidiana de la gente prácticamente durante todo el siglo veinte. Pero el telegrafista en este siglo veintiuno no dormirá nunca más desvelado esperando la llegada de un nuevo día de trabajo, porque el telégrafo cayó en un profundo sueño y el viento del progreso se lo ha llevado consigo, dejando los papeles desperdigados e inmersos en un mar de tristeza. 
El avance de la técnica de las comunicaciones y el uso de satélites artificiales, apoyados por sistemas de computación, ha desactualizado por completo al antiguo telégrafo. Actualmente los mensajes informáticos y teléfonos móviles, sumado a la cantidad de redes sociales en Internet,  son una moderna forma de comunicación mucho más práctica y eficiente. Ello ha provocado que los telégrafos y el oficio de telegrafista  hayan pasado al olvido. 
¿Qué nuevos tiempos borraron esas señales codificadas, transitando distancias inconmensurables y borraron sus puntos y rayas dejando tantas manos huérfanas, sedientas de transmitir noticias importantes? 
Las manos del telegrafista han quedado sin pulsar para siempre, extendidas en una súplica infructuosa y su añoranza no podrá ser saciada con la implantación de los modernos medios de comunicación globalizados.
¿Quién les contará ahora a todos los niños del mundo que nacerán sin conocerlo, la  importancia que tuvo el noble y esforzado oficio de telegrafista y lo útil que fue en su momento el telégrafo y las vidas que han salvado? 
El espíritu del telégrafo se fue y sus mensajes ya no se escucharán más, es cierto, pero el alma del telegrafista, con su destino sin retorno, será ahora capaz de pulsar sus preciados mensajes con los puntos y rayas del lenguaje del recuerdo.














Primer finalista. Concurso literario de relatos.
Incluido en el libro Recuerdos.
Asociación Letras con Arte. España. Julio 2016.

1 comentario:

  1. Entrañable recuerdo que sin duda alguna tiene con tu excelente escrito una nueva y cercana inmortalidad merecida Un saludo afectuoso amigo de letras.

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