miércoles, 1 de junio de 2016

Eppur si muove

Aunque se sentía impaciente luego de aquel descubrimiento, por un tiempo físicamente incalculable lo embargó la belleza de ese paraíso donde se encontraba. Era un astrónomo de los seres inteligentes que habitaban ese diminuto planeta verdoso y que volaba majestuoso, dotado de los atributos que le daban sus enormes alas. Estaba indeciso en develar ese hallazgo, porque sus semejantes consideraban que ese hermoso planeta en el que vivían era el centro del universo. Aunque se sentían sometidos a los designios de un Dios creador de todo lo existente, creían con soberbia que habían sido concebidos a su imagen y semejanza  y que todo el cielo giraba en torno de ellos.
En el crepúsculo del pequeño día, el sol ya no se mostraba en el curvado horizonte anunciando la oscuridad que fue cayendo de golpe. Lentamente  fueron apareciendo en el cielo nueve lunas de diversos colores, que generaban misteriosas sombras grises y azuladas en la noche. Se posó en la altura de una roca y se abrigó acurrucándose en sus plumas mientras escudriñaba el cielo observando ese magnífico espectáculo, donde cada movimiento de los astros tenía un tiempo y un espacio. Entonces, hinchando el plumaje de su cuello, alzó su pico para emitir un canto sublime dirigido hacia  el cielo, con toda la fuerza que fue capaz de juntar.
― Dios, he descubierto que nuestro planeta no está fijo en el centro del universo. ¿Que les digo a mis congéneres para convencerlos de su error en medio de tanta intolerancia?
Por un instante escuchó el eco de su propio canto al que nadie respondió. Sin embargo, después de un momento, divisó entre las nueve lunas, que algunas estrellas se abrían y cerraban, se agrandaban y achicaban, saltaban y se sumergían. Eran como pequeñas luces brillantes reflejadas en el cielo oscuro y poco a poco fue percibiendo un murmullo lejano, que luego se fue haciendo voz.
― Diles “eppur si muove”, “eppur si muove”, le repetía Dios, que se reía en el cielo apoyado sobre las estrellas. Ya le había pasado lo mismo con un tal Galileo Galilei ante otros seres intolerantes y soberbios, que habitaban un pequeño planeta azulado que sólo tenía una luna.















Finalista Concurso de relatos tema libre.
Incluido en el libro de antología
Palabras en Flor. España. Mayo 2016.

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