lunes, 22 de febrero de 2016

Máscara de amor

En su niñez, el corso estaba justo frente a la puerta de su casa y cuando se realizaban los concursos de disfraces con la elección de la reina y las princesas, ella soñaba que algún día tendría uno de esos hermosos vestidos y sería elegida como la soberana del corso. Pero a ella  nunca la habían disfrazado y estaba perdidamente enamorada de un chico compañero de la escuela, que siempre la había mirado indiferentemente y la trataba como si fuera un amiguito más.
En el día de carnaval, tenía el sueño de convertirse en una adolescente y entonces, a escondidas de su madre se pintó la boca con lápiz labial y se pasó maquillaje de color por las mejillas. La ansiedad le carcomía el alma y cuando comprendió que era el momento, se desvistió y salió al corso, con sólo el antifaz. Corrió desnuda y bailó por la vereda, al principio perpleja y atónita, entre las serpentinas, papel picado y los gritos del corso. La alegría de la gente la sorprendió y comenzó a sentir que la invadía el júbilo inmenso de la fiesta del carnaval, aunque tenía una ansiedad secreta en el fondo de su alma.
Y después de un rato ocurrió lo que deseaba. El compañero de escuela que para ella era un hombre apuesto y esbelto, se le paró enfrente completamente sorprendido y al reconocerla, con una mezcla de broma, picardía y sensualidad le llenó el pelo de papel picado y por un momento permanecieron quietos mirándose, sonriendo y sin hablar. Fue en ese preciso instante que ella, una niña de sólo diez años, en medio de los gritos desesperados de su madre, salió arrastrada del corso y fue encerrada en su casa en penitencia durante el resto de la noche. Pero eso a ella poco le importaba, porque tenía una felicidad inmensa en el fondo de su alma. Había sentido por primera vez en su vida, que tras esa máscara, su príncipe azul la había reconocido como mujer.



Seleccionado para publicación en libro. 
II Concurso Microrrelatos Ediciones Liceus.
“Tema el Amor y sus máscaras”. Madrid. España. Febrero 2016.

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